Rentabilidad con impacto social:
Microfinanzas, apoyo al emprendimiento
Por: Luis Fernando Gutiérrez
Elespectador.com, 13 Julio 2008


El asistencialismo debe dar paso a modelos de negocio que generen industrias para reducir las desigualdades.

En los últimos años ha ocurrido un cambio en la mentalidad alrededor de la filantropía y la intervención social.

A comienzos de los 90, personas jóvenes accedieron a fortunas más temprano que en ninguna generación de la humanidad, en el mundo tecnológico y de las inversiones. Muchos de estos emprendedores han dicho: es compatible el tema de negocios con lo social.

Los dos campos, que se manejaban separados, se comenzaron a unir. Y la alternativa más clara para resolver los problemas sociales se advirtió en los modelos de negocio.

Para Michael Chu, experto mundial en microfinanzas y profesor de la universidad de Harvard, “los problemas sociales no los han resuelto ni los gobiernos ni las ONG, los han contenido o reducido, pero no los han resuelto todos”.

Chu agrega que la alternativa más clara es la participación de la empresa privada, no como organizaciones aisladas, sino generando industrias rentables que perduren. Es hacer rentable la inversión social con modelos de negocio.

Es el caso de las microfinanzas, (oferta de servicios financieros a los más necesitados con fines productivos y de calidad de vida, a bajos costos, pero con rentabilidad) donde América Latina ha sido líder, bajo el objetivo de que los servicios financieros lleguen a los niveles más bajos de la población. Estas entidades entendieron que los emprendimientos de la gente de escasos recursos eran posibles de financiar de manera rentable. En las zonas marginales existe la financiación de prestamistas, que cobran 2% al día, que en un año puede llegar al 3.000%. El profesor de Harvard añade que “el tema es cómo hacer asequible la financiación a la gente, y que el fruto de su trabajo les quede a ellos, no a los prestamistas”.

A mediados de los 80 las ONG con metodologías pioneras consiguieron punto de equilibrio en su negocio financiero, que abrió la posibilidad de hacer rentable prestar a los más necesitados. Así se generó la posibilidad de profundizar esta actividad en la población. El modelo sobrepasó la filantropía.

Se incorporó el modelo al sector financiero formal y en 1992 nació el Banco Solidario (Bansol), en Bolivia, como institución regulada, y los resultados y la calidad de los activos dieron credibilidad.

En los últimos 15 años las entidades de microfinanzas, reguladas en el marco del sector financiero formal, enfocadas en los sectores de bajos ingresos, son las instituciones líderes en rentabilidad y calidad de activos. Las empresas líderes en el tema de microfinanzas tienen rentabilidades de retorno sobre patrimonio superiores al 30%. El año pasado Bancosol tuvo un retorno sobre patrimonio de 37%.

El ejemplo de Compartamos

El Banco Compartamos de México, la institución de microfinanzas más grande de América Latina, logró en 2007 un retorno sobre patrimonio de 50%. Y ha venido creciendo a un ritmo donde la cartera de clientes ha aumentado 50% anual y en monto hasta el 60%. El 91% de los clientes son mujeres. El promedio de los préstamos es menos de US$500. Hoy tiene un valor bursátil de US$1 billón 800 mil millones.

La revolución de Compartamos va a generar un revolcón de emprendedores con ánimo de lucro, pero con interés social de replicar el modelo. Chu considera que “es romper un paradigma en el campo filantrópico en el mundo con la inversión social rentable. Es cruzar la frontera entre donar e invertir. La mentalidad del empresario cuando invierte es otra que cuando dona. Chu agrega que “la misión social era crear la competencia. El modelo se puede incorporar a otros sectores, como construcción, salud, servicios públicos, educación, entre otros”.

Las personas de la base de la pirámide social son mal atendidas. Incluso, cuando el servicio es gratuito resulta costoso. Por citar un caso, una persona de bajos ingresos que requiere atención médica tiene que esperar ocho o diez horas para ser atendida. Para una mujer que se gana la vida vendiendo empanadas en la calle es perder un día de ingresos y la posibilidad de comprar comida para sus hijos.

Luego va a la droguería del centro de salud y el 82% de las veces el medicamento no está en el inventario. Tiene que ir a una droguería normal y la medicina le cuesta mucho dinero.

En México se montó un modelo de clínica, con farmacia, Farmacias Grisales, donde la consulta cuesta US$2 y los tiempos de espera no son mayores de 15 minutos. Estas clínicas atienden mensualmente a dos y medio millones de personas. Hoy tienen cerca de 4 mil sucursales. Michael Chu considera que “si se incorpora raciocinio comercial y modelos de rentabilidad, el mercado responde. Hay que poner a disposición de estas iniciativas capital de riesgo, modelos y visión estratégica para que puedan incluso llegar a la Bolsa de Nueva York”.

El caso colombiano

A pesar de ser pionero en microfinanzas, en Colombia el tema no ha evolucionado como en otros países, porque se encuentra en un nivel donde el sector público controla mucho. Hay tasas reguladas que llevan a que los negocios de microfinanzas se ubiquen en la parte más alta de la base de la pirámide social y no llegue a la base. Ocurre que para que el modelo sea rentable y exitoso, se deben crear las concesiones para que haya libre competencia. Es el caso de Bolivia, donde las tasas de interés en los negocios de microfinanzas han venido bajando desde 1998.

Otro caso donde el modelo de microfinanzas no se ha desarrollado en todo su potencial es el de Chile, porque tiene un tratamiento especial en el sector financiero, como ocurre en Colombia, donde existen subsidios y el Fondo Nacional de Garantías, que restringen la competencia. El negocio de microfinanzas ha evolucionado en mercados más libres, que no quiere decir no regulados. Y libre no quiere decir no competidos. Al no tener limitaciones se abre la competencia y la tasa baja. “Si se quieren mercados libres, se debe asegurar que la entrada de la competencia sea absolutamente abierta. La competencia asegura que los beneficios de las industrias para servir a los pobres lleguen a la gente y que los beneficios no se queden en los inversionistas y los operadores”.

Con límites en las tasas, los bancos comerciales que entran en el negocio de microfinanzas descreman los clientes de las entidades dedicadas a los pequeños créditos y limitan su crecimiento. No pueden desarrollarse lo suficiente porque tienen un límite para bajar las tasas y cuando el microempresario tiene experiencia con el sistema financiero, llega un banco comercial y lo engancha como cliente. Además, los bancos más grandes tampoco pueden bajar más sus tasas de los límites establecidos.

Michael Chu dice sobre el caso colombiano que “después de haber sido pionero, sigue con una penetración baja del mercado de microfinanzas, un 10% del mercado potencial, a pesar del desarrollo del país en los últimos años. Aunque las posibilidades son amplias”.

Aunque para los bancos comerciales no es fácil llegar a las microfinanzas porque no conocen a los clientes y no les saben llegar. Un oficial de crédito de una institución de microfinanzas está en la calle, conociendo el día a día de la gente, sabe cómo vive, cuánto gana al día. Está entrenado para conocer a la señora del puesto de frutas en la calle, sabe cuánto vende, cómo vive. Se le presta menos de lo que la señora tiene capacidad de responder y así pierde el miedo y se va formalizando.

Es un arte que requiere conocimiento, tiempo y sensibilidad, que los bancos grandes no están en capacidad de desarrollar o les tomaría mucho tiempo. Lo cierto es que invertir en los negocios de la base es rentable y crea impacto con modelos de negocio.

En Cifras

10% es la penetración del mercado de microfinanzas en Colombia, lo cual abre posibilidades para que el negocio se desarrolle.

US$1,8 billones es el valor en Bolsa del Banco Compartamos, de México, la entidad de microfinanzas más grande de América Latina, que terminará este año con un millón de clientes.